Truman Capote, el escritor que inventó el nuevo periodismo con una novela icónica

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Truman Capote (30 de septiembre de 1924-25 de agosto de 1984) era ese escritor de aire infantil y mirada desafiante bajo un rubio flequillo, con una expresión a medio camino entre la inocencia, el desgano y la soberbia. Su gran aportación a la escritura fue la de acercar el lenguaje literario al periodismo y, simultáneamente, llevar la precisión léxica y la claridad lingüística del periodismo a la literatura. Todo eso se concretó definitivamente en 1966 cuando publicó su novela más celebrada, A sangre fría, su crónica sobre el brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de granjeros en Kansas, la captura y confesión de los asesinos así como su condena y ahorcamiento seis años después. 

El origen de A sangre fría fue una noticia que Capote leyó en el diario: en Kansas, una familia de granjeros, los Clutter, había sido asesinada con un extraño y metódico satanismo. Algo se le iluminó por dentro al leerlo porque le propuso a la revista The New Yorker escribir una historia por entregas con los detalles de aquel asesinato. Viajó como corresponsal a Kansas, acompañado por Harper Lee (la autora de Matar un ruiseñor, interesada también en el suceso), conoció todos los detalles del crimen, el ambiente, los policías, los vecinos, los testigos… Y cuando los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, fueron detenidos, centró todo su interés en estudiar a fondo su psicología, sus motivaciones, sus frustraciones. 

Así creó un nuevo género, la llamada "novela de no ficción", referencia para un nuevo periodismo y elemento literario innovador. Un hito que en Argentina ya había marcado Rodolfo Walsh y su extraordinaria Operación Masacre (publicada en 1957). Se trataba de combinar el cotidiano oficio de periodista y un depurado estilo de narrador, y que la ficción se mezcle con la realidad. La crónica, por primera vez, adquiría categoría literaria: un mundo de personas, acontecimientos, espacio y tiempo… Siempre en relación con "lo real". Sus métodos: búsqueda de fuentes, desprecio por el registro grabado, una incursión entre las sábanas de los personajes en cuestión y declaraciones de todos aquellos que hubieran pasado por sus vidas, aunque hubiera sido de forma tangente. Así lo definió Tom Wolfe, otro de los autores que plasmaron este nuevo estilo en brillantes textos: "tomar contacto con completos desconocidos, meterse en sus vidas de alguna manera, hacer preguntas a las que no tenías derecho natural a tener respuesta, pretender ver cosas que no se tenían por qué ver, etc. etc."

La rivalidad con Norman Mailer

Truman Capote encendió el fuego cuando declaró que Norman Mailer no tenía ningún talento. La reacción de uno de los tótems de la literatura estadounidense del siglo XX fue destruirlo con saña en varios de sus siguientes textos. Hasta que en 1980 Capote se cansó y le dijo a un entrevistador: “Así como él considera que A sangre fría carece de imaginación, yo simplemente observo que los únicos premios que ganó Mailer se deben a un tipo de escritura muy similar a mi libro”, en alusión a los dos Pulitzer otorgados a Mailer. Con la ácida sutileza que lo caracterizada, agregó: “Estoy contento de haberle brindado un pequeño servicio”.

Truman Capote, el escritor que inventó el nuevo periodismo con una novela icónica

Truman Capote (30 de septiembre de 1924-25 de agosto de 1984) era ese escritor de aire infantil y mirada desafiante bajo un rubio flequillo, con una expresión a medio camino entre la inocencia, el desgano y la soberbia. Su gran aportación a la escritura fue la de acercar el lenguaje literario al periodismo y, simultáneamente, llevar la precisión léxica y la claridad lingüística del periodismo a la literatura. Todo eso se concretó definitivamente en 1966 cuando publicó su novela más celebrada, A sangre fría, su crónica sobre el brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de granjeros en Kansas, la captura y confesión de los asesinos así como su condena y ahorcamiento seis años después. 

El origen de A sangre fría fue una noticia que Capote leyó en el diario: en Kansas, una familia de granjeros, los Clutter, había sido asesinada con un extraño y metódico satanismo. Algo se le iluminó por dentro al leerlo porque le propuso a la revista The New Yorker escribir una historia por entregas con los detalles de aquel asesinato. Viajó como corresponsal a Kansas, acompañado por Harper Lee (la autora de Matar un ruiseñor, interesada también en el suceso), conoció todos los detalles del crimen, el ambiente, los policías, los vecinos, los testigos… Y cuando los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, fueron detenidos, centró todo su interés en estudiar a fondo su psicología, sus motivaciones, sus frustraciones. 

Así creó un nuevo género, la llamada "novela de no ficción", referencia para un nuevo periodismo y elemento literario innovador. Un hito que en Argentina ya había marcado Rodolfo Walsh y su extraordinaria Operación Masacre (publicada en 1957). Se trataba de combinar el cotidiano oficio de periodista y un depurado estilo de narrador, y que la ficción se mezcle con la realidad. La crónica, por primera vez, adquiría categoría literaria: un mundo de personas, acontecimientos, espacio y tiempo… Siempre en relación con "lo real". Sus métodos: búsqueda de fuentes, desprecio por el registro grabado, una incursión entre las sábanas de los personajes en cuestión y declaraciones de todos aquellos que hubieran pasado por sus vidas, aunque hubiera sido de forma tangente. Así lo definió Tom Wolfe, otro de los autores que plasmaron este nuevo estilo en brillantes textos: "tomar contacto con completos desconocidos, meterse en sus vidas de alguna manera, hacer preguntas a las que no tenías derecho natural a tener respuesta, pretender ver cosas que no se tenían por qué ver, etc. etc."

La rivalidad con Norman Mailer

Truman Capote encendió el fuego cuando declaró que Norman Mailer no tenía ningún talento. La reacción de uno de los tótems de la literatura estadounidense del siglo XX fue destruirlo con saña en varios de sus siguientes textos. Hasta que en 1980 Capote se cansó y le dijo a un entrevistador: “Así como él considera que A sangre fría carece de imaginación, yo simplemente observo que los únicos premios que ganó Mailer se deben a un tipo de escritura muy similar a mi libro”, en alusión a los dos Pulitzer otorgados a Mailer. Con la ácida sutileza que lo caracterizada, agregó: “Estoy contento de haberle brindado un pequeño servicio”.

Truman Capote (30 de septiembre de 1924-25 de agosto de 1984) era ese escritor de aire infantil y mirada desafiante bajo un rubio flequillo, con una expresión a medio camino entre la inocencia, el desgano y la soberbia. Su gran aportación a la escritura fue la de acercar el lenguaje literario al periodismo y, simultáneamente, llevar la precisión léxica y la claridad lingüística del periodismo a la literatura. Todo eso se concretó definitivamente en 1966 cuando publicó su novela más celebrada, A sangre fría, su crónica sobre el brutal asesinato de los cuatro miembros de una familia de granjeros en Kansas, la captura y confesión de los asesinos así como su condena y ahorcamiento seis años después. 

El origen de A sangre fría fue una noticia que Capote leyó en el diario: en Kansas, una familia de granjeros, los Clutter, había sido asesinada con un extraño y metódico satanismo. Algo se le iluminó por dentro al leerlo porque le propuso a la revista The New Yorker escribir una historia por entregas con los detalles de aquel asesinato. Viajó como corresponsal a Kansas, acompañado por Harper Lee (la autora de Matar un ruiseñor, interesada también en el suceso), conoció todos los detalles del crimen, el ambiente, los policías, los vecinos, los testigos… Y cuando los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, fueron detenidos, centró todo su interés en estudiar a fondo su psicología, sus motivaciones, sus frustraciones. 

Así creó un nuevo género, la llamada "novela de no ficción", referencia para un nuevo periodismo y elemento literario innovador. Un hito que en Argentina ya había marcado Rodolfo Walsh y su extraordinaria Operación Masacre (publicada en 1957). Se trataba de combinar el cotidiano oficio de periodista y un depurado estilo de narrador, y que la ficción se mezcle con la realidad. La crónica, por primera vez, adquiría categoría literaria: un mundo de personas, acontecimientos, espacio y tiempo… Siempre en relación con "lo real". Sus métodos: búsqueda de fuentes, desprecio por el registro grabado, una incursión entre las sábanas de los personajes en cuestión y declaraciones de todos aquellos que hubieran pasado por sus vidas, aunque hubiera sido de forma tangente. Así lo definió Tom Wolfe, otro de los autores que plasmaron este nuevo estilo en brillantes textos: "tomar contacto con completos desconocidos, meterse en sus vidas de alguna manera, hacer preguntas a las que no tenías derecho natural a tener respuesta, pretender ver cosas que no se tenían por qué ver, etc. etc."

La rivalidad con Norman Mailer

Truman Capote encendió el fuego cuando declaró que Norman Mailer no tenía ningún talento. La reacción de uno de los tótems de la literatura estadounidense del siglo XX fue destruirlo con saña en varios de sus siguientes textos. Hasta que en 1980 Capote se cansó y le dijo a un entrevistador: “Así como él considera que A sangre fría carece de imaginación, yo simplemente observo que los únicos premios que ganó Mailer se deben a un tipo de escritura muy similar a mi libro”, en alusión a los dos Pulitzer otorgados a Mailer. Con la ácida sutileza que lo caracterizada, agregó: “Estoy contento de haberle brindado un pequeño servicio”.

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