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Kosteki y Santillán: a 19 años de la Masacre de Avellaneda

Se cumplen 19 años de los asesinatos de los militantes barriales, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, fusilados por la policía bonaerense, el 26 de junio de 2002. El hecho conocido como La Masacre de Avellaneda, tuvo lugar en el marco de las protestas sociales por la profunda crisis económica que derivó en la renuncia del presidente Fernando De la Rúa, en diciembre de 2001. La crisis económica, acompañada de una devaluación del 75% del peso en seis meses y fuga de capitales, provocó un cimbronazo social, que derivó en una crisis institucional con 5 presidentes en una semana y cacerolazos en todo el país. Inmersos en esta absoluta crisis, distintos movimientos sociales convocaron una movilización para aquel 26 de junio, en reclamos de mejoras para los más necesitados.

Maximiliano Kosteki, un joven de 23 años oriundo de Guernica, militaba en la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Ahí también participaba Darío Santillán, de 21 años, colaborador del barrio Don Orione, en la localidad bonaerense de Almirante Brown. Aquel día, ambos marcharon en medio del espeso clima social, junto a las columnas del Movimiento de Trabajadores Desocupados hacia el Puente Pueyrredón, que separa Avellaneda de la Ciudad de Buenos Aires.

Las banderas que reclamaban una vida digna de trabajo, solidaridad y alimentos para los comedores populares, se tiñeron de sangre y violencia. En sintonía con la represión del aparato del Estado, el presidente interino, Eduardo Duhalde, había declarado a los medios que "Los intentos de aislar la capital no pueden pasar más". Su jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, explicó que las fuerzas de seguridad utilizarían "todos los mecanismos posibles para hacer cumplir la ley, para evitar que la capital quede aislada".

La policía y prefectura esperaron con balas de plomo a la columna de unos mil manifestantes que avanzó hacia el puente. Darío Santillán fue el primero en caer, en el hall de la Estación Avellaneda, víctima de los disparos policiales. La investigación judicial indicó que Maximiliano Kosteki fue asesinado por la espalda por la policía cuando intentaba ayudar a Darío. El saldo de la jornada dejó a los dos manifestantes asesinados, cientos de heridos (20 de ellos con balas de plomo) y unos 200 detenidos. El 9 de enero de 2006, el Tribunal 7 de Lomas de Zamora condenó a cadena perpetua por doble homicidio y siete tentativas de homicidio al comisario Alfredo Franchiotti y al cabo Alejandro Acosta.

Otros condenados fueron el comisario Félix Vega y los principales Carlos Quevedo y Mario De la Fuente, a la pena de cuatro años de prisión por encubrimiento agravado. Desde aquel momento, Darío y Maxi se convirtieron en símbolos de lucha por una sociedad más justa, llegando a formar parte de esas banderas que ellos mismos supieron construir. 

 

Kosteki y Santillán: a 19 años de la Masacre de Avellaneda

Se cumplen 19 años de los asesinatos de los militantes barriales, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, fusilados por la policía bonaerense, el 26 de junio de 2002. El hecho conocido como La Masacre de Avellaneda, tuvo lugar en el marco de las protestas sociales por la profunda crisis económica que derivó en la renuncia del presidente Fernando De la Rúa, en diciembre de 2001. La crisis económica, acompañada de una devaluación del 75% del peso en seis meses y fuga de capitales, provocó un cimbronazo social, que derivó en una crisis institucional con 5 presidentes en una semana y cacerolazos en todo el país. Inmersos en esta absoluta crisis, distintos movimientos sociales convocaron una movilización para aquel 26 de junio, en reclamos de mejoras para los más necesitados.

Maximiliano Kosteki, un joven de 23 años oriundo de Guernica, militaba en la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Ahí también participaba Darío Santillán, de 21 años, colaborador del barrio Don Orione, en la localidad bonaerense de Almirante Brown. Aquel día, ambos marcharon en medio del espeso clima social, junto a las columnas del Movimiento de Trabajadores Desocupados hacia el Puente Pueyrredón, que separa Avellaneda de la Ciudad de Buenos Aires.

Las banderas que reclamaban una vida digna de trabajo, solidaridad y alimentos para los comedores populares, se tiñeron de sangre y violencia. En sintonía con la represión del aparato del Estado, el presidente interino, Eduardo Duhalde, había declarado a los medios que "Los intentos de aislar la capital no pueden pasar más". Su jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, explicó que las fuerzas de seguridad utilizarían "todos los mecanismos posibles para hacer cumplir la ley, para evitar que la capital quede aislada".

La policía y prefectura esperaron con balas de plomo a la columna de unos mil manifestantes que avanzó hacia el puente. Darío Santillán fue el primero en caer, en el hall de la Estación Avellaneda, víctima de los disparos policiales. La investigación judicial indicó que Maximiliano Kosteki fue asesinado por la espalda por la policía cuando intentaba ayudar a Darío. El saldo de la jornada dejó a los dos manifestantes asesinados, cientos de heridos (20 de ellos con balas de plomo) y unos 200 detenidos. El 9 de enero de 2006, el Tribunal 7 de Lomas de Zamora condenó a cadena perpetua por doble homicidio y siete tentativas de homicidio al comisario Alfredo Franchiotti y al cabo Alejandro Acosta.

Otros condenados fueron el comisario Félix Vega y los principales Carlos Quevedo y Mario De la Fuente, a la pena de cuatro años de prisión por encubrimiento agravado. Desde aquel momento, Darío y Maxi se convirtieron en símbolos de lucha por una sociedad más justa, llegando a formar parte de esas banderas que ellos mismos supieron construir. 

 

Se cumplen 19 años de los asesinatos de los militantes barriales, Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, fusilados por la policía bonaerense, el 26 de junio de 2002. El hecho conocido como La Masacre de Avellaneda, tuvo lugar en el marco de las protestas sociales por la profunda crisis económica que derivó en la renuncia del presidente Fernando De la Rúa, en diciembre de 2001. La crisis económica, acompañada de una devaluación del 75% del peso en seis meses y fuga de capitales, provocó un cimbronazo social, que derivó en una crisis institucional con 5 presidentes en una semana y cacerolazos en todo el país. Inmersos en esta absoluta crisis, distintos movimientos sociales convocaron una movilización para aquel 26 de junio, en reclamos de mejoras para los más necesitados.

Maximiliano Kosteki, un joven de 23 años oriundo de Guernica, militaba en la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Ahí también participaba Darío Santillán, de 21 años, colaborador del barrio Don Orione, en la localidad bonaerense de Almirante Brown. Aquel día, ambos marcharon en medio del espeso clima social, junto a las columnas del Movimiento de Trabajadores Desocupados hacia el Puente Pueyrredón, que separa Avellaneda de la Ciudad de Buenos Aires.

Las banderas que reclamaban una vida digna de trabajo, solidaridad y alimentos para los comedores populares, se tiñeron de sangre y violencia. En sintonía con la represión del aparato del Estado, el presidente interino, Eduardo Duhalde, había declarado a los medios que "Los intentos de aislar la capital no pueden pasar más". Su jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, explicó que las fuerzas de seguridad utilizarían "todos los mecanismos posibles para hacer cumplir la ley, para evitar que la capital quede aislada".

La policía y prefectura esperaron con balas de plomo a la columna de unos mil manifestantes que avanzó hacia el puente. Darío Santillán fue el primero en caer, en el hall de la Estación Avellaneda, víctima de los disparos policiales. La investigación judicial indicó que Maximiliano Kosteki fue asesinado por la espalda por la policía cuando intentaba ayudar a Darío. El saldo de la jornada dejó a los dos manifestantes asesinados, cientos de heridos (20 de ellos con balas de plomo) y unos 200 detenidos. El 9 de enero de 2006, el Tribunal 7 de Lomas de Zamora condenó a cadena perpetua por doble homicidio y siete tentativas de homicidio al comisario Alfredo Franchiotti y al cabo Alejandro Acosta.

Otros condenados fueron el comisario Félix Vega y los principales Carlos Quevedo y Mario De la Fuente, a la pena de cuatro años de prisión por encubrimiento agravado. Desde aquel momento, Darío y Maxi se convirtieron en símbolos de lucha por una sociedad más justa, llegando a formar parte de esas banderas que ellos mismos supieron construir. 

 

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