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Charles Dickens, el escritor victoriano que consiguió la inmortalidad

Un 9 de junio de 1870, Charles Dickens sufrió un ataque cardíaco que terminó no solo con su vida, sino que dejó inconclusa una de las historias cuyo misterioso final causó un revuelo permanente en la sociedad. El escritor nacido en Porthsmouth, Inglaterra, fue famoso por sus crudas descripciones de la Revolución Industrial en contraste con sus personajes satíricos de personalidades exacerbadas. Parte de ese talento para captar ese claroscuro de la realidad inglesa en el período victoriano, tenía que ver con haber vivido en carne propia una contradicción: el avance tecnológico acelerado en perjuicio de las relaciones humanas.

El joven Charles enfrentó la labor infantil luego de que su padre fue arrestado por la cárcel de deudores. A los doce años trabajó en la fábrica de botas de un familiar de su madre, trabajo que fue forzado a seguir inclusive cuando su familia ya hubiese saldado la deuda. El escritor jamás olvidó su experiencia y dedicó gran parte de su obra a denunciar las condiciones decadentes que sometieron a los trabajadores industriales.

A los 21 años publicó su primera historia “Cena en Poplar Walk” en The Monthly Magazine. A los tres años de esa publicación, el escritor comenzó a publicar los capítulos de novelas por entregas, lo que lo empujó inmediatamente a la fama gracias a la intriga que despertaban sus relatos seriados. Dickens se convirtió en uno de los novelistas más prolíficos del período Victoriano, dedicando la mayor parte de su vida a la creación de obras de ficción. Su amor por la escritura lo caracterizó de tal manera que inclusive se cree que dormía con su cabeza apuntando al norte como cábala para escribir mejor.

Según el diccionario de Oxford (la versión inglesa de la Real Academia Española), el novelista introdujo alrededor de 247 palabras nuevas al vocabulario inglés, todo gracias a la popularización de su trabajo. Sus trabajos más conocidos como “David Copperfield”, “Historia de Dos Ciudades”, “Oliver Twist” y “Un Cuento de Navidad” se instalaron en la cultura pop con tal  trascendencia que el cine los sigue interpretando como clásicos de culto. Lo último que escribió fue “El misterio de Edwin Drood”, la historia que contaba los pormenores de la misteriosa desaparición de un niño huérfano. Su muerte, que dejó sin final la novela, causó una de las polémicas más grandes de la literatura inglesa: ¿qué era lo que finalmente destinaba Dickens para su Edwin Drood?

Gente que nos hace bien es una sección presentada por Maximiliano Legnani en Somos PM, que se emite por la pantalla de IP de lunes a viernes de 14 a 17, junto a Pía Slapka y Ana Sicilia.

Charles Dickens, el escritor victoriano que consiguió la inmortalidad

Un 9 de junio de 1870, Charles Dickens sufrió un ataque cardíaco que terminó no solo con su vida, sino que dejó inconclusa una de las historias cuyo misterioso final causó un revuelo permanente en la sociedad. El escritor nacido en Porthsmouth, Inglaterra, fue famoso por sus crudas descripciones de la Revolución Industrial en contraste con sus personajes satíricos de personalidades exacerbadas. Parte de ese talento para captar ese claroscuro de la realidad inglesa en el período victoriano, tenía que ver con haber vivido en carne propia una contradicción: el avance tecnológico acelerado en perjuicio de las relaciones humanas.

El joven Charles enfrentó la labor infantil luego de que su padre fue arrestado por la cárcel de deudores. A los doce años trabajó en la fábrica de botas de un familiar de su madre, trabajo que fue forzado a seguir inclusive cuando su familia ya hubiese saldado la deuda. El escritor jamás olvidó su experiencia y dedicó gran parte de su obra a denunciar las condiciones decadentes que sometieron a los trabajadores industriales.

A los 21 años publicó su primera historia “Cena en Poplar Walk” en The Monthly Magazine. A los tres años de esa publicación, el escritor comenzó a publicar los capítulos de novelas por entregas, lo que lo empujó inmediatamente a la fama gracias a la intriga que despertaban sus relatos seriados. Dickens se convirtió en uno de los novelistas más prolíficos del período Victoriano, dedicando la mayor parte de su vida a la creación de obras de ficción. Su amor por la escritura lo caracterizó de tal manera que inclusive se cree que dormía con su cabeza apuntando al norte como cábala para escribir mejor.

Según el diccionario de Oxford (la versión inglesa de la Real Academia Española), el novelista introdujo alrededor de 247 palabras nuevas al vocabulario inglés, todo gracias a la popularización de su trabajo. Sus trabajos más conocidos como “David Copperfield”, “Historia de Dos Ciudades”, “Oliver Twist” y “Un Cuento de Navidad” se instalaron en la cultura pop con tal  trascendencia que el cine los sigue interpretando como clásicos de culto. Lo último que escribió fue “El misterio de Edwin Drood”, la historia que contaba los pormenores de la misteriosa desaparición de un niño huérfano. Su muerte, que dejó sin final la novela, causó una de las polémicas más grandes de la literatura inglesa: ¿qué era lo que finalmente destinaba Dickens para su Edwin Drood?

Gente que nos hace bien es una sección presentada por Maximiliano Legnani en Somos PM, que se emite por la pantalla de IP de lunes a viernes de 14 a 17, junto a Pía Slapka y Ana Sicilia.

Un 9 de junio de 1870, Charles Dickens sufrió un ataque cardíaco que terminó no solo con su vida, sino que dejó inconclusa una de las historias cuyo misterioso final causó un revuelo permanente en la sociedad. El escritor nacido en Porthsmouth, Inglaterra, fue famoso por sus crudas descripciones de la Revolución Industrial en contraste con sus personajes satíricos de personalidades exacerbadas. Parte de ese talento para captar ese claroscuro de la realidad inglesa en el período victoriano, tenía que ver con haber vivido en carne propia una contradicción: el avance tecnológico acelerado en perjuicio de las relaciones humanas.

El joven Charles enfrentó la labor infantil luego de que su padre fue arrestado por la cárcel de deudores. A los doce años trabajó en la fábrica de botas de un familiar de su madre, trabajo que fue forzado a seguir inclusive cuando su familia ya hubiese saldado la deuda. El escritor jamás olvidó su experiencia y dedicó gran parte de su obra a denunciar las condiciones decadentes que sometieron a los trabajadores industriales.

A los 21 años publicó su primera historia “Cena en Poplar Walk” en The Monthly Magazine. A los tres años de esa publicación, el escritor comenzó a publicar los capítulos de novelas por entregas, lo que lo empujó inmediatamente a la fama gracias a la intriga que despertaban sus relatos seriados. Dickens se convirtió en uno de los novelistas más prolíficos del período Victoriano, dedicando la mayor parte de su vida a la creación de obras de ficción. Su amor por la escritura lo caracterizó de tal manera que inclusive se cree que dormía con su cabeza apuntando al norte como cábala para escribir mejor.

Según el diccionario de Oxford (la versión inglesa de la Real Academia Española), el novelista introdujo alrededor de 247 palabras nuevas al vocabulario inglés, todo gracias a la popularización de su trabajo. Sus trabajos más conocidos como “David Copperfield”, “Historia de Dos Ciudades”, “Oliver Twist” y “Un Cuento de Navidad” se instalaron en la cultura pop con tal  trascendencia que el cine los sigue interpretando como clásicos de culto. Lo último que escribió fue “El misterio de Edwin Drood”, la historia que contaba los pormenores de la misteriosa desaparición de un niño huérfano. Su muerte, que dejó sin final la novela, causó una de las polémicas más grandes de la literatura inglesa: ¿qué era lo que finalmente destinaba Dickens para su Edwin Drood?

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