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Eugenio Cuttica, el artista del simbolismo energético

La energía de lo espiritual atraviesa toda la obra de Eugenio Cuttica, uno de los artistas íconos del movimiento simbolista nacional. Mientras dedica su tiempo a proponer muestras que buscan reconstruir una idea de lo etéreo, señala que el país recién pudo comprender su obra en las últimas décadas. "Ahora hay como un amor correspondido; yo amo a la Argentina y ahora sí, siento ese amor que me viene hacia atrás", describió en IP Cultural.

Cuttica reside en East Hampton, Nueva York, donde tiene un taller abierto a residentes interesados en aprender su método artístico. Su perspectiva evolucionó sobre las ideas del budismo, gracias al cual admite que logró "desandar el camino" que había comenzado como artista plástico expresionista y pensarse como un vehículo de energía representada a través del arte.

"Yo lo que hago es tratar de hacer el amor con la gente a través del lenguaje, de la pintura. Mi trabajo no es intelectual, no es poner un punto acá, una raya y hacer un trabajo de corrección compositiva. Para mí el arte debe ser, debe conmover o si no, no es arte. Entonces todo esto tiene que ver con lo divino, con que todos nacemos, la conexión con lo divino y lo sagrado. La verdadera espiritualidad, entonces, no sale de mi taller ninguna obra que no esté en el punto de emanación energética", describió Cuttica.

El artista tomó como misión personal formar a sus residentes a partir de la cultura basada en la creencia de la energía de los chakras, donde se plantea que el individuo cumple, a partir de las fibras que logra activar, el rol de "sacerdote, mercader y guerrero". Esta creencia personal lo habilitó a poder plantear al movimiento simbolista dentro del siglo XXI y de la industria cultural del arte como mercancía. "Hago ciertos intercambios de horas de trabajo de ellos por coaching que yo les doy (a sus residentes), donde les enseño a ser el sacerdote, mercader y guerrero; casi todos los artistas son sacerdotes en gran medida, en mediana medida son guerreros, pero ninguno sabe cómo ser el mercader. Entonces yo les enseño el arte de vender arte y el arte de saberse vender", contó.

Cuttica reconoce que su obra despegó cuando dejó de pensar en términos de arte catártico sino representativo de algo "más allá". Una de sus últimas muestras convocó a más de 120 mil personas, por lo que logró convertirse en la obra más convocante del Museo de Bellas Artes para un artista vivo.

"Todos los niños han sido artistas, todos hemos sido niños. O sea que todos hemos sido artistas hasta que en un punto dejamos de serlo por fuerza de las obligaciones cotidianas. Le soltamos la mano a ese niño. Un artista adulto es un niño que ha sobrevivido, que se peleó con todos y finalmente logró sobrevivir", describió el artista.

Podés ver IP Cultural, conducido por Valeria Delgado, todos los sábados a las 16 por la pantalla de IP

 

Eugenio Cuttica, el artista del simbolismo energético

La energía de lo espiritual atraviesa toda la obra de Eugenio Cuttica, uno de los artistas íconos del movimiento simbolista nacional. Mientras dedica su tiempo a proponer muestras que buscan reconstruir una idea de lo etéreo, señala que el país recién pudo comprender su obra en las últimas décadas. "Ahora hay como un amor correspondido; yo amo a la Argentina y ahora sí, siento ese amor que me viene hacia atrás", describió en IP Cultural.

Cuttica reside en East Hampton, Nueva York, donde tiene un taller abierto a residentes interesados en aprender su método artístico. Su perspectiva evolucionó sobre las ideas del budismo, gracias al cual admite que logró "desandar el camino" que había comenzado como artista plástico expresionista y pensarse como un vehículo de energía representada a través del arte.

"Yo lo que hago es tratar de hacer el amor con la gente a través del lenguaje, de la pintura. Mi trabajo no es intelectual, no es poner un punto acá, una raya y hacer un trabajo de corrección compositiva. Para mí el arte debe ser, debe conmover o si no, no es arte. Entonces todo esto tiene que ver con lo divino, con que todos nacemos, la conexión con lo divino y lo sagrado. La verdadera espiritualidad, entonces, no sale de mi taller ninguna obra que no esté en el punto de emanación energética", describió Cuttica.

El artista tomó como misión personal formar a sus residentes a partir de la cultura basada en la creencia de la energía de los chakras, donde se plantea que el individuo cumple, a partir de las fibras que logra activar, el rol de "sacerdote, mercader y guerrero". Esta creencia personal lo habilitó a poder plantear al movimiento simbolista dentro del siglo XXI y de la industria cultural del arte como mercancía. "Hago ciertos intercambios de horas de trabajo de ellos por coaching que yo les doy (a sus residentes), donde les enseño a ser el sacerdote, mercader y guerrero; casi todos los artistas son sacerdotes en gran medida, en mediana medida son guerreros, pero ninguno sabe cómo ser el mercader. Entonces yo les enseño el arte de vender arte y el arte de saberse vender", contó.

Cuttica reconoce que su obra despegó cuando dejó de pensar en términos de arte catártico sino representativo de algo "más allá". Una de sus últimas muestras convocó a más de 120 mil personas, por lo que logró convertirse en la obra más convocante del Museo de Bellas Artes para un artista vivo.

"Todos los niños han sido artistas, todos hemos sido niños. O sea que todos hemos sido artistas hasta que en un punto dejamos de serlo por fuerza de las obligaciones cotidianas. Le soltamos la mano a ese niño. Un artista adulto es un niño que ha sobrevivido, que se peleó con todos y finalmente logró sobrevivir", describió el artista.

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La energía de lo espiritual atraviesa toda la obra de Eugenio Cuttica, uno de los artistas íconos del movimiento simbolista nacional. Mientras dedica su tiempo a proponer muestras que buscan reconstruir una idea de lo etéreo, señala que el país recién pudo comprender su obra en las últimas décadas. "Ahora hay como un amor correspondido; yo amo a la Argentina y ahora sí, siento ese amor que me viene hacia atrás", describió en IP Cultural.

Cuttica reside en East Hampton, Nueva York, donde tiene un taller abierto a residentes interesados en aprender su método artístico. Su perspectiva evolucionó sobre las ideas del budismo, gracias al cual admite que logró "desandar el camino" que había comenzado como artista plástico expresionista y pensarse como un vehículo de energía representada a través del arte.

"Yo lo que hago es tratar de hacer el amor con la gente a través del lenguaje, de la pintura. Mi trabajo no es intelectual, no es poner un punto acá, una raya y hacer un trabajo de corrección compositiva. Para mí el arte debe ser, debe conmover o si no, no es arte. Entonces todo esto tiene que ver con lo divino, con que todos nacemos, la conexión con lo divino y lo sagrado. La verdadera espiritualidad, entonces, no sale de mi taller ninguna obra que no esté en el punto de emanación energética", describió Cuttica.

El artista tomó como misión personal formar a sus residentes a partir de la cultura basada en la creencia de la energía de los chakras, donde se plantea que el individuo cumple, a partir de las fibras que logra activar, el rol de "sacerdote, mercader y guerrero". Esta creencia personal lo habilitó a poder plantear al movimiento simbolista dentro del siglo XXI y de la industria cultural del arte como mercancía. "Hago ciertos intercambios de horas de trabajo de ellos por coaching que yo les doy (a sus residentes), donde les enseño a ser el sacerdote, mercader y guerrero; casi todos los artistas son sacerdotes en gran medida, en mediana medida son guerreros, pero ninguno sabe cómo ser el mercader. Entonces yo les enseño el arte de vender arte y el arte de saberse vender", contó.

Cuttica reconoce que su obra despegó cuando dejó de pensar en términos de arte catártico sino representativo de algo "más allá". Una de sus últimas muestras convocó a más de 120 mil personas, por lo que logró convertirse en la obra más convocante del Museo de Bellas Artes para un artista vivo.

"Todos los niños han sido artistas, todos hemos sido niños. O sea que todos hemos sido artistas hasta que en un punto dejamos de serlo por fuerza de las obligaciones cotidianas. Le soltamos la mano a ese niño. Un artista adulto es un niño que ha sobrevivido, que se peleó con todos y finalmente logró sobrevivir", describió el artista.

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