Caso Báez Sosa: ¿Por qué se comenzó a hablar de masculinidad tóxica?

El crimen de Fernando Báez Sosa generó un cambio paradigmático en la sociedad argentina, que cuestionó desde otro ángulo el significado de la masculinidad tóxica y su relación con las dinámicas deportivas.

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Se cumplen dos años del cruento asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven que fue interceptado por un grupo de ocho rugbiers fuera de un boliche y golpeado hasta la muerte. El año pasado, los imputados solicitaron renunciar a un tribunal por jurados porque aludieron que "ya no existía parcialidad" en su causa: según sus representantes, los medios de comunicación instauraron una condena social contra ellos al relacionar al rugby con la violencia. Sin embargo, los análisis buscan respuesta en base a ese alegato y se preguntan: ¿están ellos mismos sometidos a lo que se llama "masculinidad tóxica"?

No es la primera vez que una patota de muchachos, unidos bajo esta actividad deportiva, protagonizó un hecho de violencia extrema: solo el año pasado, existieron dos ataques similares en Mendoza y Tucumán. Los medios de comunicación habían comenzado a prestar atención a los crímenes de estas características en el 2006, cuando un trío de rugbiers mató a golpes a Ariel Malvino.

¿Qué pasó en el caso de Báez Sosa?

El crimen de Báez Sosa fue un crimen paradigmático que hizo que la sociedad cuestionara los parámetros en los que ocurrió. Según los testimonios, el joven de 18 años había tenido un altercado menor dentro del boliche "Le Brique", por el cual el equipo de ocho personas decidió esperarlo a la salida del local bailable en Villa Gesell. El ataque que sufrió el grupo en el que iba Fernando Báez Sosa fue filmado por uno de los participantes y se complementó con lo que captaron otras cámaras de seguridad. Según la hipótesis de la fiscalía de instrucción, el grupo de rugbiers había "dividido las tareas" para cometer el asesinato.

Los imputados por el crimen son: Ayrton Viollaz, Lucas Pertossi, Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli, Blas Cinalli y Luciano Pertossi. Se los juzga bajo la carátula de homicidio doblemente agravado por su comisión por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas en perjuicio del joven que tenía 18 años en ese momento.

El nivel de violencia del crimen conmovió a nivel nacional y la agenda mediática catalogó al comportamiento como otro ejemplo de masculinidad tóxica que se desarrolla en marco de un deporte como el rugby.  "Podemos situar al rugby en nuestro país como un deporte que está administrado, por lo general, por las elites, que tienen determinadas prácticas culturales y construyen una hegemonía. Estas naturalizan los privilegios que detentan y los confunden con derechos", analizó Nahuel Sosa, especialista en Sociología.

“Los mandatos patriarcales asocian a la masculinidad con la idea de insensibilidad, de la fuerza, de virilidad. Cuando hay una frustración de la masculinidad, la salida que encuentra el patriarcado es intentar reforzarla de un modo más extremo", concluyó el sociólogo Sosa en exclusiva con IP Noticias.

Caso Báez Sosa: ¿Por qué se comenzó a hablar de masculinidad tóxica?

Se cumplen dos años del cruento asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven que fue interceptado por un grupo de ocho rugbiers fuera de un boliche y golpeado hasta la muerte. El año pasado, los imputados solicitaron renunciar a un tribunal por jurados porque aludieron que "ya no existía parcialidad" en su causa: según sus representantes, los medios de comunicación instauraron una condena social contra ellos al relacionar al rugby con la violencia. Sin embargo, los análisis buscan respuesta en base a ese alegato y se preguntan: ¿están ellos mismos sometidos a lo que se llama "masculinidad tóxica"?

No es la primera vez que una patota de muchachos, unidos bajo esta actividad deportiva, protagonizó un hecho de violencia extrema: solo el año pasado, existieron dos ataques similares en Mendoza y Tucumán. Los medios de comunicación habían comenzado a prestar atención a los crímenes de estas características en el 2006, cuando un trío de rugbiers mató a golpes a Ariel Malvino.

¿Qué pasó en el caso de Báez Sosa?

El crimen de Báez Sosa fue un crimen paradigmático que hizo que la sociedad cuestionara los parámetros en los que ocurrió. Según los testimonios, el joven de 18 años había tenido un altercado menor dentro del boliche "Le Brique", por el cual el equipo de ocho personas decidió esperarlo a la salida del local bailable en Villa Gesell. El ataque que sufrió el grupo en el que iba Fernando Báez Sosa fue filmado por uno de los participantes y se complementó con lo que captaron otras cámaras de seguridad. Según la hipótesis de la fiscalía de instrucción, el grupo de rugbiers había "dividido las tareas" para cometer el asesinato.

Los imputados por el crimen son: Ayrton Viollaz, Lucas Pertossi, Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli, Blas Cinalli y Luciano Pertossi. Se los juzga bajo la carátula de homicidio doblemente agravado por su comisión por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas en perjuicio del joven que tenía 18 años en ese momento.

El nivel de violencia del crimen conmovió a nivel nacional y la agenda mediática catalogó al comportamiento como otro ejemplo de masculinidad tóxica que se desarrolla en marco de un deporte como el rugby.  "Podemos situar al rugby en nuestro país como un deporte que está administrado, por lo general, por las elites, que tienen determinadas prácticas culturales y construyen una hegemonía. Estas naturalizan los privilegios que detentan y los confunden con derechos", analizó Nahuel Sosa, especialista en Sociología.

“Los mandatos patriarcales asocian a la masculinidad con la idea de insensibilidad, de la fuerza, de virilidad. Cuando hay una frustración de la masculinidad, la salida que encuentra el patriarcado es intentar reforzarla de un modo más extremo", concluyó el sociólogo Sosa en exclusiva con IP Noticias.

Se cumplen dos años del cruento asesinato de Fernando Báez Sosa, el joven que fue interceptado por un grupo de ocho rugbiers fuera de un boliche y golpeado hasta la muerte. El año pasado, los imputados solicitaron renunciar a un tribunal por jurados porque aludieron que "ya no existía parcialidad" en su causa: según sus representantes, los medios de comunicación instauraron una condena social contra ellos al relacionar al rugby con la violencia. Sin embargo, los análisis buscan respuesta en base a ese alegato y se preguntan: ¿están ellos mismos sometidos a lo que se llama "masculinidad tóxica"?

No es la primera vez que una patota de muchachos, unidos bajo esta actividad deportiva, protagonizó un hecho de violencia extrema: solo el año pasado, existieron dos ataques similares en Mendoza y Tucumán. Los medios de comunicación habían comenzado a prestar atención a los crímenes de estas características en el 2006, cuando un trío de rugbiers mató a golpes a Ariel Malvino.

¿Qué pasó en el caso de Báez Sosa?

El crimen de Báez Sosa fue un crimen paradigmático que hizo que la sociedad cuestionara los parámetros en los que ocurrió. Según los testimonios, el joven de 18 años había tenido un altercado menor dentro del boliche "Le Brique", por el cual el equipo de ocho personas decidió esperarlo a la salida del local bailable en Villa Gesell. El ataque que sufrió el grupo en el que iba Fernando Báez Sosa fue filmado por uno de los participantes y se complementó con lo que captaron otras cámaras de seguridad. Según la hipótesis de la fiscalía de instrucción, el grupo de rugbiers había "dividido las tareas" para cometer el asesinato.

Los imputados por el crimen son: Ayrton Viollaz, Lucas Pertossi, Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Enzo Comelli, Matías Benicelli, Blas Cinalli y Luciano Pertossi. Se los juzga bajo la carátula de homicidio doblemente agravado por su comisión por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas en perjuicio del joven que tenía 18 años en ese momento.

El nivel de violencia del crimen conmovió a nivel nacional y la agenda mediática catalogó al comportamiento como otro ejemplo de masculinidad tóxica que se desarrolla en marco de un deporte como el rugby.  "Podemos situar al rugby en nuestro país como un deporte que está administrado, por lo general, por las elites, que tienen determinadas prácticas culturales y construyen una hegemonía. Estas naturalizan los privilegios que detentan y los confunden con derechos", analizó Nahuel Sosa, especialista en Sociología.

“Los mandatos patriarcales asocian a la masculinidad con la idea de insensibilidad, de la fuerza, de virilidad. Cuando hay una frustración de la masculinidad, la salida que encuentra el patriarcado es intentar reforzarla de un modo más extremo", concluyó el sociólogo Sosa en exclusiva con IP Noticias.

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